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Incentivos fiscales

Qué factores influyen en el importe que una empresa puede obtener mediante ‘tax lease’

De un vistazo: lo esencial de este artículo

El ‘tax lease’ se consolida como una vía eficaz para transformar deducciones fiscales de I+D+i en liquidez anticipada mediante la entrada de inversores. Su resultado, sin embargo, no es homogéneo: depende de la calidad técnica del proyecto, la seguridad fiscal, la estructura de la operación, el momento en que se plantea y el volumen de la deducción. Un enfoque estratégico y bien planificado resulta clave para maximizar su eficiencia.

El ‘tax lease’ convierte deducciones en liquidez. Permite a empresas ceder créditos fiscales a inversores a cambio de financiación anticipada.
La calidad del proyecto determina el resultado. Un planteamiento técnico sólido aumenta la confianza y mejora las condiciones económicas.
La seguridad fiscal refuerza la operación. Una base bien documentada reduce riesgos y atrae a los inversores.
La estructura de la operación influye directamente. Diseñar correctamente la AIE y los flujos financieros optimiza la rentabilidad.
El momento de plantearlo condiciona el éxito. Anticipar la estrategia permite mejorar la planificación y maximizar la liquidez obtenida.

El tax lease se ha consolidado como una herramienta eficaz para monetizar deducciones fiscales derivadas de la realización de actividades de I+D+i. Este mecanismo permite a una entidad tecnológica que ha generado una deducción en este ámbito – pero que no va a optimizar en el corto o medio plazo – ceder su aprovechamiento a terceros (entidades inversoras), obteniendo a cambio liquidez anticipada. No obstante, a igualdad de presupuesto elegible, el importe que finalmente obtiene una empresa puede variar de forma significativa en función de cuestiones técnicas, fiscales y de estructuración que condicionan tanto la viabilidad como la eficiencia de la operación.

“El tax lease no es un mecanismo automático ni uniforme. Su resultado depende de cómo se definan y combinen distintos elementos a lo largo de la operación”, advierte Marta Yárnoz, consultora senior en el área de Incentivos fiscales de Zabala Innovation. “Abordarlo con un enfoque estructurado desde el inicio permite aprovechar mejor la deducción generada y convertirla en una fuente efectiva de financiación”, añade.

Cómo funciona, en la práctica, una operación de ‘tax lease’

Cuando una entidad tecnológica desarrolla un proyecto de I+D+i, puede generar una deducción fiscal en el Impuesto sobre Sociedades. Esa deducción minora la cantidad que tendría que pagar a Hacienda. El problema es que no siempre la empresa puede aprovecharla por sí misma. Puede ocurrir, por ejemplo, que no tenga cuota suficiente en ese momento, que prefiera no esperar varios ejercicios para aplicarla o que necesite liquidez antes.

En ese contexto, el tax lease permite que esa deducción sea aprovechada por inversores externos. A cambio, la empresa recibe una parte de ese valor en forma de liquidez.

Esta operativa suele articularse a través de una Agrupación de Interés Económico (AIE), una figura jurídica que se utiliza para canalizar la operación. En ella participan los inversores y, a través de ella, se organiza la financiación y el traspaso de los créditos fiscales. “La AIE no se constituye por una cuestión formal o accesoria, sino porque permite dar estructura jurídica y fiscal a la operación”, señala Yárnoz.

Por tanto, el tax lease no consiste en “vender” una deducción de forma directa, sino en estructurar una operación en la que intervienen una entidad tecnológica con un proyecto de I+D+i, entidades inversoras interesadas en aplicar los créditos fiscales y una AIE que sirve de vehículo para hacerlo posible.

No obstante, si dos empresas ejecutan un proyecto con un presupuesto similar, ¿por qué no siempre reciben la misma liquidez? La razón es sencilla. El importe final no depende solo del presupuesto elegible. También influyen la calidad del proyecto, la seguridad fiscal, la forma en que se estructura la operación y el momento en el que se plantea. En otras palabras, el presupuesto es el punto de partida, pero no el único elemento que determina el resultado.

La calidad técnica del proyecto

El primer factor es el propio proyecto de I+D+i. No basta con que exista actividad innovadora. Es necesario que el proyecto esté bien definido, que sus objetivos estén claros, que las actividades realizadas se describan de forma coherente y que los gastos vinculados al proyecto estén correctamente identificados.

En palabras de Yárnoz, “cuanto más sólido sea el proyecto desde el punto de vista técnico, más fácil será defender que genera una deducción fiscal válida. Y cuanto mayor sea esa claridad, mayor será también la confianza de los inversores en la operación”. Dicho de otro modo, un proyecto bien planteado no solo facilita la obtención de la deducción, sino que también mejora las condiciones en las que esa deducción puede transformarse en liquidez.

La seguridad fiscal de la operación

El segundo elemento clave es la seguridad fiscal. Aquí entran en juego aspectos como la correcta aplicación de la normativa, la adecuada justificación de los gastos, la trazabilidad de la información y la coherencia entre el proyecto ejecutado y la deducción que se pretende aplicar.

“Este punto es especialmente importante porque el inversor entra en la operación para obtener un beneficio fiscal. Si percibe dudas sobre la solidez de la deducción, el atractivo de la operación disminuye. En cambio, cuando la base fiscal está bien construida y documentada, la operación gana fiabilidad”, según Yárnoz.

La estructura jurídica y económica

Otro factor decisivo es la forma en la que se articula la operación. Esto incluye, entre otras cuestiones, cómo se configura la AIE, qué papel asume cada parte, cómo se organiza la financiación y de qué manera se reparte el valor generado.

“Aquí conviene insistir en una idea básica: una operación de tax lease no produce automáticamente el mismo resultado por el mero hecho de seguir un esquema general. La manera concreta en la que se diseña tiene consecuencias directas sobre el importe que finalmente recibe la empresa”, insiste Yárnoz.

Una estructura bien planteada permite que la operación sea más clara, segura y eficiente. Una estructura deficiente, en cambio, puede reducir el interés de los inversores o encarecer la operación, con el consiguiente impacto en la liquidez que percibe la empresa.

El momento en el que se plantea la operación

También influye el momento en el que se empieza a trabajar el tax lease. “No es lo mismo hacerlo desde fases tempranas del proyecto que plantearlo cuando el proyecto está ya muy avanzado o prácticamente cerrado”, avisa Yárnoz.

Cuando la operación se analiza con antelación, hay más margen para ordenar la documentación, definir bien el alcance del proyecto, revisar los costes y prever los requisitos fiscales y jurídicos. Eso permite llegar a la estructuración en mejores condiciones.

En cambio, cuando se aborda tarde, con menos margen de maniobra, es más difícil corregir carencias o reforzar aspectos que pueden ser relevantes para los inversores.

El volumen de la deducción generada

El importe de la deducción también influye, aunque no de forma aislada. En general, las operaciones de mayor volumen y en las que el proyecto es calificado como I+D suelen resultar más atractivas para los inversores, permiten absorber con más facilidad los costes asociados a la estructuración y suponen una mayor rentabilidad para las partes implicadas.

Esto no significa que el tax lease solo tenga sentido en proyectos de gran tamaño o calificados como I+D. Significa, simplemente, que la base de la deducción y la naturaleza del proyecto es uno de los factores que afectan a la eficiencia global de la operación y, por tanto, al importe final que puede obtener la empresa.