La Comisión Europea sitúa la competitividad en el centro del Semestre Europeo 2026 y considera que Europa debe cerrar su brecha de innovación para reforzar su productividad y autonomía estratégica. En este contexto, España presenta fortalezas como su conectividad digital, su ecosistema emprendedor y su capacidad en energías renovables, pero sigue afrontando retos estructurales relacionados con la inversión en I+D, la transferencia de conocimiento, el acceso a financiación, la fragmentación regulatoria y la disponibilidad de talento cualificado.
I+D insuficiente.
España elevó su gasto en I+D hasta el 1,5 % del PIB, pero sigue lejos de la media europea y de sus objetivos nacionales.
Transferencia de conocimiento.
La colaboración entre ciencia y empresa continúa siendo limitada y reduce el impacto económico de la investigación.
Escalado empresarial.
Las startups muestran dinamismo, pero la falta de capital de crecimiento dificulta su evolución hacia scaleups.
Digitalización desigual.
España lidera en conectividad, aunque la adopción de tecnologías avanzadas todavía puede mejorar en parte del tejido empresarial.
Fragmentación regulatoria.
Las diferencias normativas entre territorios aumentan costes y dificultan el crecimiento de las empresas.
Transición energética.
Las renovables avanzan, pero son necesarias más redes, almacenamiento e interconexiones para reforzar la competitividad industrial.
Talento STEM.
Persisten carencias de perfiles técnicos y científicos, mientras Bruselas reclama más FP dual y formación orientada al mercado laboral.
La Comisión Europea sitúa la competitividad en el centro del Semestre Europeo 2026. En un contexto marcado por las tensiones geopolíticas, la competencia global, la volatilidad energética, la presión sobre las cadenas de suministro y la aceleración tecnológica, Bruselas pide a los Estados miembros que alineen reformas e inversiones para reforzar la productividad, la innovación y la autonomía estratégica de la Unión Europea.
El mensaje general del Spring Package 2026 es que Europa necesita cerrar su brecha de innovación. Bruselas recuerda que el gasto en I+D de la UE se mantuvo en el 2,2% del PIB en 2024, por debajo de Estados Unidos y Japón, ambos en el 3,4%, de Corea del Sur, con el 5,0%, y de China, que ha superado a la UE desde 2020 y alcanza el 2,6%. Para el Ejecutivo europeo, el problema no es solo invertir más, sino transformar mejor el conocimiento científico en innovación empresarial, crecimiento industrial, tecnologías estratégicas y empresas capaces de escalar.
En este marco, el caso de España muestra avances, pero también varios retos estructurales. El Country Report 2026 señala que la economía española ha sido resiliente y ha crecido con fuerza en los últimos años, pero que el aumento de la renta per cápita sigue limitado por la debilidad de la productividad laboral. Esta debilidad se relaciona con desajustes de capacidades, baja innovación empresarial, dificultades de acceso a financiación de crecimiento, fragmentación regulatoria y una estructura empresarial muy dominada por microempresas y pymes.
España sigue por debajo de la media europea en I+D
España ha aumentado su intensidad de I+D durante la última década, hasta alcanzar el 1,5% del PIB en 2024. No obstante, sigue lejos de la media de la UE, situada en el 2,24%, y del objetivo nacional del 2,12%. Según el European Innovation Scoreboard, España continúa siendo un innovador moderado, con un rendimiento equivalente al 92,7% de la media europea.
Bruselas identifica varios factores que frenan el potencial innovador español: estancamiento de la inversión privada en I+D, bajo nivel de inversión pública, ineficiencias en el apoyo público a la innovación empresarial y dificultades para reforzar los vínculos entre ciencia y empresa. También subraya que España no logra traducir suficientemente su excelencia científica en resultados de innovación.
Por ello, la Comisión Europea recomienda a España facilitar la innovación empresarial, la expansión y el escalado de compañías en sectores de alto valor añadido. Bruselas pide apoyar inversiones estables en I+i, reforzar la colaboración entre industria y academia y mejorar el acceso a la financiación, especialmente al capital riesgo.
La transferencia de conocimiento, punto débil del sistema español
Uno de los elementos más relevantes del informe específico sobre España es la debilidad de los mecanismos de transferencia de conocimiento. La Comisión Europea considera que la colaboración entre ciencia e industria sigue siendo insuficiente y limita tanto la innovación empresarial como las ganancias de productividad.
Aunque España ha reformado la Ley de Ciencia, tecnología e innovación y la Ley Orgánica del Sistema universitario, Bruselas señala que los incentivos no bastan para movilizar con fuerza la I+D privada ni para orientar mejor universidades y organismos públicos de investigación hacia la innovación aplicada. La Comisión Europea apunta a la necesidad de reforzar los intermediarios de conocimiento, ajustar los incentivos en universidades y centros públicos de investigación, y mejorar la financiación basada en resultados.
Este diagnóstico es especialmente importante para España porque el país cuenta con capacidades científicas relevantes, pero tiene dificultades para convertirlas en innovación comercial. La recomendación europea insiste en que mejorar la transferencia de conocimiento no es un objetivo académico, sino una condición para elevar la productividad y competir en sectores de mayor valor añadido.
Startups dinámicas, pero con dificultades para escalar
El informe también destaca el dinamismo del ecosistema español de startups. España cuenta con un ecosistema fuerte en fases iniciales, pero sufre una falta severa de capital de crecimiento: solo alrededor del 15-20% de los inversores se centra en empresas en fase de escalado, lo que dificulta la transición de startups a scaleups, según el Country Report.
La Comisión Europea también señala debilidades en redes, talento, conocimiento y cooperación. Las startups españolas necesitan mejorar sus capacidades de transferencia de conocimiento, sus conexiones con otros actores y su capacidad para convertir investigación en innovación comercial.
A ello se suma la dependencia de la financiación bancaria. Los mercados de capital riesgo y capital inversión siguen estando menos desarrollados, mientras que la asignación del ahorro privado no apoya suficientemente la expansión de empresas innovadoras. Por ello, Bruselas recomienda promover un mayor uso de financiación basada en mercado, reforzar la conexión entre empresas y participantes de los mercados de capitales, e incentivar instrumentos como planes de pensiones complementarios que puedan canalizar inversión hacia empresas con potencial de crecimiento.
Digitalización: fortaleza en conectividad, margen de mejora en adopción tecnológica
España presenta una posición sólida en infraestructuras digitales. En 2025, la cobertura de redes de muy alta capacidad y fibra hasta las instalaciones alcanzó el 95,9%, situando al país entre los mejores resultados de la UE. También destaca en conectividad 5G y en el despliegue de infraestructuras digitales.
En digitalización empresarial, las pymes españolas se sitúan por encima de la media europea en intensidad digital básica, con un 75,4% en 2025. La adopción de inteligencia artificial por las empresas está en línea con la media de la UE, en el 20%. La adopción de servicios en la nube, sin embargo, queda por debajo de la media europea, con un 38% frente al 47%, aunque el uso de analítica de datos está por encima de la media.
La lectura de la Comisión Europea es que España ha avanzado en este ámbito, pero necesita seguir impulsando la adopción de tecnologías avanzadas para que la digitalización se traduzca en productividad, innovación y competitividad empresarial.
Menos fragmentación regulatoria para mejorar el entorno empresarial
La Comisión Europea considera que la fragmentación regulatoria entre Comunidades Autónomas sigue afectando al crecimiento empresarial. España ha puesto en marcha el Régimen 20, un marco de colaboración entre Administración central, Comunidades Autónomas y entidades locales para identificar barreras y reducir fragmentación. En 2025 se avanzó en ámbitos como licencias de apertura, etiquetado digital, puntos de recarga, certificados de eficiencia energética e instalaciones de baja tensión.
Bruselas considera, sin embargo, que los esfuerzos deben acelerarse. Las diferencias regulatorias entre regiones aumentan los costes de cumplimiento, dificultan la actividad de empresas que operan en varias regiones y reducen la competencia. Las recomendaciones específicas piden reducir la carga administrativa y la fragmentación regulatoria, eliminar barreras en el comercio minorista y en la libre circulación de bienes, y mejorar el entorno empresarial.
La justicia también aparece como un factor de competitividad. La Comisión Europea pide mejorar su funcionamiento mediante más personal, digitalización armonizada e interoperabilidad plena entre regiones. Los retrasos judiciales y la falta de interoperabilidad pueden afectar a empresas, profesionales y ciudadanos.
Energía, industria limpia e infraestructuras: otra dimensión de la competitividad
La competitividad española también se juega en la transición energética. España avanza en renovables y cuenta con una de las mayores capacidades instaladas de energía eólica y solar de la UE. Pero Bruselas advierte de que necesita más redes, almacenamiento y flexibilidad para integrar renovables en el sistema eléctrico.
El almacenamiento previsto pasaría de 7,7 GW a 14,2 GW, todavía por debajo del objetivo de 22,5 GW para 2030. Además, la interconexión eléctrica transfronteriza se sitúa en el 3,11%, muy lejos del objetivo del 15% para 2030.
Las recomendaciones piden invertir en almacenamiento energético, transmisión y distribución eléctrica, e interconexiones transfronterizas. También reclaman fomentar la descarbonización de la industria y la electrificación del transporte. Para España, estas cuestiones conectan directamente con la competitividad industrial, la reducción de los costes energéticos, el despliegue de tecnologías limpias y la atracción de la inversión.
Talento STEM, FP dual y aprendizaje adulto
La Comisión Europea vincula también el capital humano a la competitividad. En España persisten desajustes entre formación y necesidades del mercado laboral. Aunque la FP sigue desarrollándose, Bruselas identifica una falta de cualificaciones intermedias, baja participación en FP de grado medio, especialmente en STEM, y escasez de perfiles en sectores técnicos como construcción y manufactura.
En educación superior, España presenta altos niveles de titulados, pero siguen existiendo carencias en TIC, ingeniería y sanidad. La baja participación en STEM, los desequilibrios de género y los abandonos en estos programas pueden limitar la capacidad del país para innovar y avanzar en las transiciones verde y digital.
Por ello, la recomendación europea pide reducir los desajustes de capacidades reforzando la FP dual, la relevancia laboral de la educación superior y el aprendizaje adulto, con foco en STEM. También reclama mejorar las competencias básicas y reducir el abandono escolar temprano.