Europa está preparando el marco financiero plurianual (MFF, por sus siglas en inglés) y los diferentes programas de financiación para el período 2028-2034 en medio de las presiones para mantener la independencia y la excelencia como criterios de selección en el próximo programa Horizon Europe (FP10) y para coordinar de forma eficiente este último con el futuro Fondo Europeo de Competitividad (ECF). Ese fue el eje de la mesa moderada por Zabala Innovation en el primer Foro Europeo de Innovación y Emprendimiento, organizado por Ametic y celebrado el 19 de marzo en la sede de la Comisión y del Parlamento Europeo en Madrid. El debate se centró en el papel de la innovación en el próximo marco, y de cómo acompañarla desde la investigación hasta el despliegue en el mercado.
En la sesión participaron la eurodiputada Lina Gálvez, shadow rapporteur en el grupo de trabajo FP10, el jefe de departamento del Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (CDTI), Javier García, y el director general de la empresa Hispatec, José Luis Molina. Camino Correia, directora de Programas Europeos de Zabala Innovation, moderó la mesa. En el papel de challenger intervino Seán Gaines, director de Proyectos internacionales del centro tecnológico Vicomtech.
Presupuesto, excelencia y autonomía para innovar
Correia abrió la mesa subrayando la magnitud del instrumento, ya que la propuesta comunitaria reserva aproximadamente una cuarta parte del próximo marco financiero plurianual a Horizon Europe (175.000 millones de euros) y al ECF (234.000 millones de euros). Un dato que calificó de “gran apuesta por la innovación” por parte de Bruselas.
Gálvez, por su parte, situó la discusión en el terreno político. Recordó que el Parlamento Europeo trabaja ya sobre las enmiendas al FP10 y al nuevo fondo, con la previsión de llegar al pleno en octubre, y advirtió de que las negociaciones serán complejas por la presión sobre el presupuesto. Defendió un marco presupuestario ambicioso para el FP10 y subrayó que “el criterio de excelencia en el programa Horizon Europe no se puede abandonar”.
La eurodiputada sostuvo además que la relación entre Horizon Europe y el futuro ECF debe articularse con programas de trabajo separados, aunque coordinados para desarrollar resultados en el pilar II del programa marco. También pidió preservar la autonomía del Consejo Europeo de Investigación (ERC) y del Consejo Europeo de Innovación (EIC) y evitar reasignaciones de fondos hacia prioridades ajenas a la I+D. A su juicio, la gobernanza tendrá que combinar el control de las autoridades europeas con la participación de perfiles que conozcan la frontera tecnológica, en línea con las recomendaciones que avanzó en su informe el ex primer ministro italiano, Mario Draghi, en 2024.
Gobernanza y apoyo a las scale-ups
Desde la perspectiva española, García señaló que la propuesta de Bruselas se ve con buenos ojos, pero avisó también de que la I+D no puede quedar subordinada a la política industrial. Recordó que los proyectos colaborativos y el programa marco siguen siendo una vía central de acceso a fondos para España y reclamó una gobernanza que asegure la coordinación entre las cuatro policy windows previstas en el nuevo esquema de Horizon Europe y del ECF, el MFF en su conjunto y los Estados miembros. También advirtió de que una flexibilidad excesiva en el uso de los fondos podría erosionar su predictibilidad.
El peso de España en esta discusión no es menor. En los datos oficiales más recientes de Horizon Europe, el país se consolida como el tercero de la UE por subvención captada y el primero en liderazgo de proyectos colaborativos de I+D+i, una posición que refuerza el valor de la voz española en el debate sobre el futuro programa marco y su articulación con el ECF.
Al llevar el debate al terreno empresarial, Correia afirmó que uno de los retos, en el nuevo marco, será “tener instrumentos que ayuden a que empresas tecnológicas innovadoras nazcan, crezcan y se queden en Europa”. En el mismo sentido, Molina reclamó que el ECF se centre en las empresas y defendió una discriminación positiva hacia las tecnológicas innovadoras con capacidad de escalar. “No faltan startups; faltan scale-ups”, resumió. También pidió que los empresarios sean escuchados en el diseño de los instrumentos de apoyo a la I+D+i y alertó contra una “excelencia de papel” de proyectos que no siempre se traduce en implantación real en el mercado.
Despliegue, financiación y equilibrio
Por su parte, Gaines introdujo la preocupación de los centros tecnológicos ante un posible desplazamiento del foco desde los proyectos hacia los Estados y las policy windows. Dijo que “no basta con investigar, hay que desplegar” y señaló que será determinante observar la evolución del blended finance como esquema de financiación dentro del FP10.
En ese punto, García recordó que el paso desde la subvención pura hacia fórmulas con equity o financiación combinada ya ha empezado en Horizon Europe y que las empresas llegan ahora mejor preparadas para esos esquemas. Lo decisivo, sostuvo, será diseñar “un programa atractivo y comprensible”. Molina insistió en que su impacto debe medirse con criterios de mercado y no solo por la calidad formal de las propuestas, mientras Correia llevaba otra inquietud al centro de la mesa: cómo garantizar que la innovación conserve presupuesto en un entorno geopolítico tan volátil y exigente como el actual.
La respuesta volvió a poner el foco en el equilibrio. Gaines aludió a un contexto internacional cambiante que empuja a pedir más flexibilidad presupuestaria. Molina advirtió de que esa flexibilidad puede derivar en bandazos si no se comparte con claridad. García recordó que, si Europa quiere acercarse a las cifras de inversión en I+D+i que reclama Draghi en su informe (800.000 millones de euros al año, entre pública y privada), hará falta más dinero público. Y Gálvez cerró con una advertencia sobre el talento: la UE no puede permitirse perder capital humano, en especial el femenino, en las carreras científicas y tecnológicas.