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SOSTENIBILIDAD

Economía circular: no solo es reciclar

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Xabier Sevillano

Xabier Sevillano

Consultor Senior de I+D+i

En mi casa tengo una bandeja de plástico, la típica que se utiliza para llevar el desayuno a la cama o al salón. Pero tiene algo especial: una punta rota. Cuando se rompió, mi mujer me insistió en comprar otra, pero yo le respondí que, mientras se pudiera seguir usando (con un poco más cuidado) no tenía sentido comprar otra bandeja.

Muchas veces, cuando veo esa bandeja, me acuerdo de lo famoso que se ha hecho el término “economía circular”, y el concepto equivocado que tiene mucha gente de la economía circular o del concepto que hay detrás. Porque mucha gente piensa que la economía circular se reduce a reciclar, y ese, precisamente, es el último paso.

El proceso de la economía circular

Aplicar la economía circular en tu día a día es sencillo. Solo tienes que pensar, cada vez que utilices algo, en cómo puedo alargar su vida útil. A lo mejor, como en el caso de la bandeja, puedes alargar su vida en funcionamiento simplemente no reemplazándolo. Ese sería el primer nivel de la economía circular, que incluso se queda fuera del propio concepto según los criterios más tradicionales de la Fundación Ellen McArthur.

Si no es posible seguir usando algo tal y como está, quizás es hora de comprar un nuevo objeto. ¿Pero por qué comprar algo si puedes arreglarlo? Nos hemos acostumbrado a productos de vida útil corta que son reemplazados rápidamente, a veces por obsolescencia o a veces por cambios en las modas, pero nuestros abuelos y bisabuelos ni se planteaban esa opción: si un zapato se rompía, iban al zapatero.

En esta línea va otro de los pilares de la economía circular: el derecho a reparar, que se ha convertido en un tema de actualidad principalmente ligado al tema de la electrónica (aunque inicialmente surgió a raíz de los tractores y vehículos agrícolas). Pensad por ejemplo en los teléfonos móviles. Hay algunas alternativas, pero más bien pocas, que permiten arreglarlo e incluso actualizarlos (Fairphone), aunque todo el mundo debería tener derecho a no tener que comprar un nuevo móvil cuando se rompe o se queda obsoleto.

Vamos a seguir pensando circularmente. ¿Ya hemos decidido qué hacer con el objeto que no está en uso? Uno pensaría que puede tirarlo al contenedor correspondiente y olvidarse, y que de este modo está contribuyendo a un mundo mejor. Y así es, pero el reciclaje es, de todas las opciones, la más alejada del uso inicial, y por tanto la que más esfuerzo y energía requiere para volver a incorporar los materiales a la cadena de valor.

Si se es creativo surgen nuevas opciones en la economía circular: reutilizar y remanufacturar. Un ejemplo claro de reutilización serían los muebles, ahora tan de moda, elaborados con pallets. Remanufacturar implica un procesado más extenso, pero en algunos casos industriales puede permitir obtener repuestos totalmente funcionales con un esfuerzo pequeño.

El último nivel en la economía circular

Y ya, por último, está lo que todo el mundo sabe: reciclar. Con el reciclaje ayudas a que los residuos, una vez terminan su vida útil, se reincorporen a la cadena de valor, y consigan así una segunda vida, y luego una tercera, una cuarta, etc. Pero cualquier opción de las anteriores ya habrá alargado la vida útil del objeto original, consiguiendo así que, en conjunto, la vida útil del objeto y sus materias se pueda alargar de forma considerable.

Personalmente creo que la filosofía de “alargar la vida” útil haría de este mundo un lugar mejor, no solo si se aplica a nivel privado, sino en tu vida profesional. Si las empresas empiezan a aplicar estas reflexiones en sus procesos productivos, el tiempo y las circunstancias están obligando a ello, podremos conseguir alargar la duración de unos recursos cada vez más escasos.

Persona experta

Xabier Sevillano
Xabier Sevillano

Sede de Pamplona

Consultor Senior de I+D+i

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