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Defensa

Bruselas lleva la política de defensa de la investigación a la producción y las compras

De un vistazo: lo esencial de este artículo

La política europea de defensa ha ampliado su radio de acción. El Fondo Europeo de Defensa mantiene su función como instrumento de apoyo a la I+D colaborativa, pero Bruselas ha incorporado nuevas herramientas para reforzar la producción, promover compras conjuntas y asegurar el suministro. En ese movimiento, el EDIP y SAFE marcan el paso hacia una política industrial de defensa más centrada en la capacidad de entrega, en la reducción de dependencias y en la preparación de la UE para 2030.

La defensa europea cambia de escala. El EDF sigue financiando proyectos colaborativos de I+D, mientras que otros programas incentivan la fabricación y las compras.
Bruselas ordena prioridades. El Libro Blanco vincula las capacidades críticas con la demanda, la industria y la contratación conjunta.
EDIP impulsa la producción. El programa refuerza la industrialización, las cadenas de suministro y la fabricación en la UE.
SAFE moviliza compras. El instrumento aporta financiación para que los Estados inviertan juntos en capacidades críticas.
La autonomía baja a fábrica. La UE liga soberanía, competitividad y defensa a una base industrial más integrada.

Durante años, la política europea de defensa se explicó a través de programas de cooperación tecnológica y desarrollo industrial, primero con el Programa Europeo de Desarrollo Industrial en materia de Defensa (EDIDP, por sus siglas en inglés) y después con el Fondo Europeo de Defensa (EDF). En los últimos meses, ese mapa se ha ampliado. La Comisión Europea mantiene el EDF como gran instrumento de ayudas para proyectos colaborativos de I+D, pero lo rodea ahora de nuevas palancas para elevar la producción, ordenar compras conjuntas, vigilar cadenas de suministro y cerrar carencias de capacidades antes de 2030. En paralelo, el Consejo Europeo ha asociado ese movimiento a una idea cada vez más presente en su vocabulario político: una Europa más soberana, más responsable de su propia defensa y mejor equipada para actuar.

El punto de partida de esa trayectoria fue el EDIDP. Bruselas lo define como el primer programa europeo de subvenciones dirigido al desarrollo de capacidades y a la cofinanciación del desarrollo conjunto de productos y tecnologías de defensa, con una dotación de 500 millones de euros para 2019 y 2020. Hoy su papel ya no es el de una herramienta en primer plano, sino el de antecedente. La evaluación intermedia del EDF, adoptada en junio de 2025, incorpora un análisis específico del EDIDP, señal de que la Comisión Europea lo trata ya como un programa precursor del que extraer lecciones para la fase siguiente.

Esa fase siguiente sigue teniendo en el EDF su pieza principal para la financiación de proyectos de I+D colaborativa. El programa de trabajo de 2026, adoptado el 17 de diciembre de 2025, reserva 1.000 millones de euros y 31 topics para investigación y desarrollo en defensa, cuya fecha límite para la presentación de propuesta es el 29 de septiembre. En las intenciones de Bruselas, el reparto busca equilibrar la financiación entre el núcleo tradicional de las capacidades militares, las capacidades del futuro y la innovación, con un espacio específico para pymes y empresas de mediana capitalización a través de EUDIS.

Con una trayectoria ya asentada en seguridad, espacio y defensa – sectores que han ganado un peso estratégico creciente en la agenda comunitaria –, Zabala Innovation refuerza su implicación en esta convocatoria, acompañando a sus clientes a lo largo de todo el proceso. La consultora presenta un sólido historial en el programa, con una tasa de éxito del 58%, y una participación que abarca desde la elaboración de propuestas hasta la implementación de los proyectos, contribuyendo en ámbitos clave como la coordinación, la gestión, la difusión y la valorización de resultados.

De las prioridades a la capacidad de entrega

El nuevo lenguaje oficial no se detiene ahí. En el Libro Blanco sobre la Defensa Europea – Readiness 2030, presentado hace un año y convertido desde entonces en marco de referencia, la Comisión Europea y la Alta Representante ordenan las prioridades en siete grandes áreas de capacidad. Ahí figuran la defensa aérea y antimisiles, la artillería, la munición y los misiles, los drones y sistemas antidron, la movilidad militar, la combinación de inteligencia artificial, tecnologías cuánticas, ciber y guerra electrónica, y los llamados facilitadores estratégicos y la protección de infraestructuras críticas. El documento no se limita a enumerar capacidades. También liga esos huecos a incentivos europeos, a la agregación de demanda y a la contratación colaborativa, es decir, a una cadena que va de la definición de necesidades a la fase industrial.

Ese desplazamiento se reforzó el mes pasado. En su última reunión, celebrada el 19 de marzo, el Consejo Europeo pidió más proyectos concretos en los próximos meses y reclamó que la industria europea de defensa eleve la producción, sobre todo en equipos prioritarios. Los jefes de Estado y de Gobierno situaron en ese mismo bloque la evolución de las coaliciones de capacidades, el desarrollo y adquisición conjunta de sistemas de drones y antidrones, la protección del flanco oriental y las capacidades de defensa aérea, ataque de precisión y servicios espaciales. No es un matiz menor. La I+D sigue ahí, pero el foco institucional se mueve hacia la ejecución, la capacidad de fabricación y la rapidez de entrega.

La defensa entra en la fase industrial

Ahí entra el Programa Europeo de la Industria de Defensa (EDIP), que no debe confundirse con el antiguo EDIDP. Bruselas lo presenta como una iniciativa de 1.500 millones de euros para 2025-2027 destinada a reforzar y modernizar la industria europea de defensa, elevar la capacidad de producción y asegurar el suministro continuado de equipos militares. Tras el acuerdo político alcanzado en octubre de 2025 entre Parlamento y Consejo, la Comisión Europea añadió a esa estructura elementos que desbordan la lógica clásica de la subvención a I+D: apoyo a la industrialización de productos, refuerzo de cadenas de suministro, un régimen europeo de seguridad de suministro, proyectos europeos de interés común en defensa y una regla de contenido fabricado en la UE del 65% para los proyectos financiados.

La otra pieza de ese giro es SAFE, el instrumento financiero adoptado por el Consejo el 27 de mayo de 2025 para apoyar inversiones conjuntas de los Estados miembros en producción industrial de defensa y cerrar carencias críticas de capacidades. En la práctica, SAFE desplaza el centro de gravedad del debate comunitario. Ya no se trata solo de cofinanciar consorcios tecnológicos, sino de habilitar volumen financiero para comprar juntos y sostener la base industrial capaz de entregar. La propia Comisión Europea lo define como una herramienta para acelerar la preparación defensiva mediante inversiones urgentes y de gran escala en apoyo de la industria. El mecanismo ya está en marcha, tras la aprobación de planes nacionales y las primeras tandas de apoyo financiero.

Autonomía estratégica con acento industrial

La noción de autonomía estratégica ha acompañado todo este recorrido, pero su traducción institucional ha cambiado. El Consejo Europeo recuerda que, desde la declaración de Versalles de marzo de 2022, los líderes de los 27 acordaron invertir más y mejor en defensa, reforzar la industria y reducir dependencias estratégicas. En junio de 2025, su presidente, António Costa, resumió esa evolución con una fórmula que reaparece en el debate desde entonces: una Europa más soberana, más responsable de su defensa y mejor equipada para actuar de manera coordinada. En marzo de 2026, esa misma idea se extendió al terreno económico en la agenda One Europe, One Market, en la que los mandatarios vincularon competitividad, autonomía estratégica y seguridad económica, al tiempo que reclamaban una “preferencia europea” proporcionada en sectores y tecnologías estratégicas y un mapa de dependencias en áreas sensibles.

La política industrial de defensa de la UE se ordena así en un continuo que ya no empieza y termina en el laboratorio. La estrategia industrial presentada en marzo de 2024 fijó indicadores para 2030 y 2035 que ayudan a leer el cambio. Bruselas invitó a los Estados miembros a contratar de forma colaborativa al menos el 40% de sus equipos de defensa en 2030, a elevar el comercio intracomunitario de defensa hasta al menos el 35% del mercado europeo y a avanzar para que el 50% del presupuesto de contratación de defensa se gaste dentro de la UE en 2030 y el 60% en 2035.