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I3 2026 y la apuesta europea por la innovación interregional

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De un vistazo: lo esencial de este artículo

La convocatoria Interregional Innovation Investments (I3) 2026 financia proyectos europeos de innovación próximos al mercado, con especial foco en la validación, demostración, escalado y comercialización de soluciones desarrolladas por ecosistemas regionales. Abierta hasta el 12 de noviembre de 2026, ofrece apoyo a proyectos de hasta 10 millones de euros y prioriza propuestas con madurez tecnológica, participación empresarial, impacto territorial y una cadena de valor interregional sólida.

Innovación próxima al mercado. I3 impulsa soluciones a partir de TRL 6 y busca llevarlas hacia demostración, despliegue o comercialización.
Dos líneas de inversión. Strand 1 favorece cadenas de valor interregionales maduras, mientras que Strand 2a refuerza la integración de regiones menos desarrolladas o en transición.
Financiación relevante. La convocatoria puede apoyar proyectos de hasta 10 millones de euros, con una intensidad general del 70% y financiación del 100% para apoyo financiero a terceros.
Impacto territorial. Las propuestas deben demostrar beneficios claros para regiones, empresas, pymes y cadenas de valor europeas.
Propuesta competitiva. Los proyectos deben combinar lógica de inversión, especialización inteligente, participación empresarial creíble e impacto cuantificado.

La convocatoria Interregional Innovation Investments (I3) se ha consolidado como una de las oportunidades europeas más relevantes para proyectos innovadores próximos al mercado. Financiada por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), su objetivo no es apoyar investigación temprana, sino acelerar la validación, demostración, escalado y comercialización de soluciones innovadoras desarrolladas por ecosistemas regionales conectados a través de prioridades de especialización áreas estratégicas de innovación definidas por cada región según sus capacidades y ventajas competitivas. Sus dos líneas de inversión, Strand 1 y Strand 2a, están abiertas, con fecha límite el 12 de noviembre de 2026.

Este año, la Comisión Europea prevé apoyar proyectos de hasta 10 millones de euros, con una intensidad de ayuda general del 70% y una financiación del 100% para el apoyo financiero a terceros, con especial hincapié en la participación de las regiones menos desarrolladas “Pero también es una convocatoria exigente: ganarán las propuestas que combinen madurez tecnológica, ambición empresarial, impacto territorial y una narrativa sólida de inversión interregional europea”, advierte Aurora García, líder del Área de Regiones y ciudades en Proyectos europeos de Zabala Innovation.

Una convocatoria para innovación madura

“La clave para entender I3 es su orientación a mercado”, asegura García. “Los proyectos deben partir de un nivel mínimo de madurez tecnológica (TRL) 6 y avanzar hacia demostración, despliegue o comercialización, hasta alcanzar el TRL9. La convocatoria se dirige a consorcios capaces de convertir soluciones validadas en casos de inversión interregional, con empresas – especialmente pymes – en el centro del proyecto”, añade.

El programa se estructura en tres prioridades temáticas: transición verde, transición digital y fabricación inteligente. No obstante, el verdadero hilo conductor no es solo la temática, sino la capacidad de construir una cadena de valor europea con impacto económico, territorial e industrial, articulada a través de una cartera de inversiones complementarias e interconectadas que permite desarrollar soluciones validadas en casos de negocio maduros entre varias regiones.

Strand 1 y Strand 2a: dos lógicas diferentes

El Strand 1 está pensado para consorcios con mayor madurez, capaces de desplegar inversiones interregionales en prioridades de especialización inteligente compartidas o complementarias. Su foco está en escalar proyectos innovadores con potencial de mercado, integrando regiones menos desarrolladas en cadenas de valor europeas.

El Strand 2a, en cambio, tiene un componente de cohesión más marcado. Su objetivo es reforzar la integración de actores de innovación de regiones menos desarrolladas y regiones en transición en cadenas de valor europeas, generando oportunidades locales de transformación económica inteligente. Según las indicaciones de la entidad gestora de la convocatoria – la Agencia ejecutiva del Consejo Europeo de Innovación y de las Pymes (Eismea, por sus siglas en inglés) –, los proyectos deben demostrar de qué forma estas regiones asumirán roles concretos y sostenibles en la cadena de valor, incluyendo oportunidades de negocio, desarrollo de capacidades e inversión posterior.

En términos prácticos, “Strand 1 encaja mejor con propuestas que ya tienen una cadena de valor interregional madura, mientras que Strand 2a es más adecuado cuando el relato central es la integración de territorios con menor rendimiento innovador en mercados y cadenas de valor europeas”, subraya Antonio Barrios, consultor del área de Regiones y ciudades.

Novedades principales de la convocatoria I3 2026

La edición 2026 de I3 introduce varios cambios relevantes respecto a convocatorias anteriores. El primero es la simplificación de la tabla presupuestaria en la fase de solicitud. Ya no será necesario presentar hojas individuales detalladas por socio y paquete de trabajo en la propuesta inicial, lo que reduce la carga administrativa durante la preparación. Las tablas detalladas, sin embargo, seguirán utilizándose en la fase de reporting intermedio y final.

El segundo cambio importante es la revisión de los criterios de evaluación. “El marco se ha hecho más completo y transparente, con subcriterios más claros”, según Barrios. Además, el sistema de puntuación se ha reequilibrado: el criterio de impacto pasa a tener mayor peso, con 10 puntos, mientras que relevancia queda en 5 puntos. “Bruselas quiere proyectos que no solo estén bien alineados con las prioridades europeas, sino que generen beneficios duraderos para regiones, empresas y cadenas de valor”, recalca este experto.

El tercer cambio es el incremento del umbral máximo de apoyo financiero a terceros (FSTP) de 60.000 euros a 100.000 euros por pyme, una modificación pensada para dar mayor masa crítica a los subproyectos financiados dentro de grandes inversiones I3.

Claves para construir una propuesta I3 sólida y diferenciadora

García y Barrios coinciden en que una propuesta competitiva debe demostrar seis elementos de forma inequívoca:

  • Una lógica de inversión clara. I3 no premia ideas prometedoras, sino carteras de inversión con empresas, activos, demostradores, mercados y continuidad financiera. El proyecto debe explicar qué se va a desplegar, quién lo adoptará, qué barreras se eliminan y qué inversión futura se activa.
  • Una cadena de valor bien construida. No basta con reunir socios de varios países. Cada región debe tener un papel funcional – proveedor tecnológico, demostrador industrial, mercado piloto, nodo de escalado, usuario final o ecosistema de adopción – y el consorcio debe reflejar la lógica de la cuádruple hélice, integrando empresas, administraciones públicas, centros de conocimiento y sociedad civil para asegurar que la solución pueda validarse, adoptarse y escalarse en distintos territorios.
  • Regiones menos desarrolladas. Las propuestas deben demostrar una estrategia integral para garantizar la participación de entidades jurídicas procedentes de regiones menos desarrolladas, en transición o ultraperiféricas. Además, deben incluir medidas específicas para reforzar su implicación y contribución a los objetivos del consorcio. Esto debe contemplar planes para la replicación de los resultados en las regiones participantes y la implicación de las autoridades regionales pertinentes, con el fin de asegurar un impacto sostenible.
  • Una alineación real con las estrategias de especialización inteligente. La especialización inteligente no debe aparecer como un anexo formal, sino como la base estratégica que justifica la cooperación interregional.
  • Una participación empresarial creíble. Las empresas – y especialmente las pymes – tener un papel central en la propuesta, no solo como beneficiarias, sino liderando actividades de despliegue, validación, adopción y escalado. De hecho, la propia convocatoria establece que al menos el 70% del total de los costes directos elegibles debe destinarse a inversiones en empresas, con especial atención a las pymes. Por eso, la participación empresarial debe reflejarse también en el presupuesto, en la gobernanza del consorcio y en la lógica de inversión del proyecto. Eismea insiste, además, en que I3 combina apoyo financiero y no financiero, incluyendo planificación de negocio, propiedad intelectual, certificación, comercialización, estandarización, testeo, demostración y pilotaje.
  • Un impacto cuantificado. En 2026, con el nuevo peso del criterio de impacto, será fundamental medir resultados en términos de inversión movilizada, empleo, nuevos productos, capacidades regionales, integración de pymes y continuidad tras el proyecto.

Errores frecuentes detectados en las propuestas

  • Presentar I3 como si fuera un proyecto de I+D colaborativa. Si la propuesta no demuestra madurez tecnológica, adopción empresarial y llegada al mercado, quedará debilitada.
  • Construir un consorcio geográficamente diverso, pero estratégicamente débil. La cooperación interregional debe estar justificada por complementariedades reales, no por cumplir mínimos de elegibilidad.
  • Infraestimar el papel de las regiones menos desarrolladas o en transición. En I3 2026, especialmente en Strand 2a, estas regiones deben asumir funciones sostenibles, no limitarse a ser beneficiarias pasivas.
  • Diseñar un FSTP poco sólido. Si se utiliza el cascade funding, la propuesta debe explicar con precisión cómo se seleccionarán los terceros, qué apoyo recibirán, qué aportarán al portfolio de inversión y cómo se evitarán posibles conflictos de interés. Además, debe tenerse en cuenta que los costes destinados al apoyo financiero a terceros – por ejemplo, pymes – no pueden superar el 30% del total de los costes elegibles.

Recomendaciones para aumentar las posibilidades de éxito

  • Empezar por la definición de las inversiones, no por la redacción técnica. Un buen proyecto I3 debe poder resumirse en una frase: qué innovación se despliega, en qué cadena de valor, con qué empresas, en qué regiones y con qué impacto económico.
  • Construir una narrativa diferenciadora. Las mejores propuestas no solo cumplen requisitos: explican por qué esa combinación de regiones, empresas y tecnologías es única para Europa.
  • Involucrar ecosistemas de cuádruple hélice desde el inicio. La convocatoria valora la implicación de autoridades regionales, clusters, agencias de innovación y empresas tractoras , pero con empresas al mando del despliegue.
  • Tratar el impacto como el eje central de la propuesta. En I3 2026, impacto no significa una lista de indicadores genéricos; significa demostrar beneficios duraderos para la competitividad europea, la resiliencia industrial y la integración de regiones en cadenas de valor.
  • Utilizar la simplificación presupuestaria sin relajar la estrategia financiera. Aunque la tabla inicial sea más ligera, el presupuesto debe seguir demostrando coherencia, proporcionalidad y una asignación clara hacia inversiones empresariales.