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Horizon Europe
Lanzadas las nuevas convocatorias de las Misiones de la UE
Las ayudas, dotadas con más de 508 millones de euros, se podrán solicitar hasta el otoño
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La convocatoria impulsa proyectos colaborativos para acelerar su aplicación sobre el terreno
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La convocatoria 2026 de Mission Soil moviliza 101 millones de euros para financiar proyectos que contribuyan a mejorar la salud del suelo mediante investigación, innovación y colaboración entre ciencia y territorio. Además de explicar las principales oportunidades de financiación, el artículo analiza los aspectos que la Comisión Europea tendrá especialmente en cuenta durante la evaluación y muestra cómo Zabala Innovation aplica ese enfoque en proyectos europeos como InBestSoil y BIOservicES.
La salud del suelo ha dejado de ser una cuestión exclusiva del sector agrario. De ella dependen la producción de alimentos, la disponibilidad de agua, la conservación de la biodiversidad, el almacenamiento de carbono o la capacidad de los ecosistemas para resistir fenómenos cada vez más frecuentes, como las sequías o las lluvias torrenciales. La Comisión Europea, sin embargo, estima que una parte significativa de los suelos de la UE presenta algún grado de degradación, una situación que compromete tanto la competitividad del sector primario como la transición ecológica. Con ese contexto de fondo, la convocatoria de este año de la Misión Un pacto por el suelo de Europa (Mission A soil deal for Europe) – uno de los principales instrumentos de Horizon Europe para financiar proyectos de investigación e innovación en este ámbito – moviliza 101 millones de euros para financiar proyectos de investigación e innovación orientados a mejorar la salud de los suelos y acelerar la aplicación de soluciones en condiciones reales.
La convocatoria no está dirigida únicamente a universidades o centros de investigación. También busca la participación de empresas, administraciones públicas, organizaciones agrarias, propietarios forestales, asociaciones, entidades del tercer sector y otros actores que puedan contribuir a trasladar los resultados de la investigación al territorio. De hecho, uno de los mensajes que la Comisión Europea repite a lo largo del programa de trabajo es que las soluciones deberán diseñarse con quienes después las utilizarán y no únicamente para ellos.
La convocatoria se articula en tres grandes bloques. El primero reúne cuatro topics abiertos a cualquier consorcio que cumpla los requisitos de participación, y suma un presupuesto de 33 millones de euros. Las propuestas pueden presentarse hasta el 23 de septiembre y abarcan cuestiones como la mejora de los sistemas de monitorización de la salud del suelo, el estudio de la resistencia a los antimicrobianos desde el enfoque One Health, el desarrollo de herramientas basadas en inteligencia artificial para apoyar la gestión del suelo o el fortalecimiento de los ecosistemas regionales de investigación e innovación en Ucrania.
El segundo bloque está dedicado a los Living Labs, una de las principales apuestas de Mission Soil para probar soluciones en condiciones reales y favorecer su adopción por parte de agricultores, gestores forestales, administraciones y otros actores del territorio. La Comisión Europea destina 48 millones de euros a dos convocatorias: una para las regiones biogeográficas alpina y atlántica y otra para bosques gestionados y espacios naturales o seminaturales. A diferencia del resto de topics, estas convocatorias se desarrollan en dos fases. La primera ya ha concluido y, hasta el 15 de septiembre, únicamente podrán presentar la propuesta completa los consorcios que hayan sido invitados tras superar esa evaluación inicial.
El tercer bloque corresponde a una convocatoria conjunta entre Mission Soil y la Misión de Adaptación al cambio climático, dotada con 20 millones de euros y con plazo hasta el 23 de septiembre. Su objetivo es financiar proyectos demostrativos que ayuden a aumentar la resiliencia de los suelos frente a fenómenos extremos como sequías, inundaciones o lluvias torrenciales mediante soluciones que puedan aplicarse y replicarse en diferentes territorios europeos.
Más allá del contenido científico o tecnológico, la Comisión Europea insiste en varios elementos que pueden resultar determinantes durante la evaluación. Uno de ellos es el enfoque multiactor. Agricultores, silvicultores, empresas, administraciones públicas, asesores o comunidades locales no pueden desempeñar un papel testimonial, sino participar activamente en el diseño, validación y explotación de las soluciones.
También se valorará especialmente la interoperabilidad de los datos, la coordinación con iniciativas europeas como SoilWise o el Observatorio Europeo del Suelo y la capacidad de las propuestas para demostrar que los resultados podrán mantenerse una vez finalizada la financiación comunitaria.
Precisamente esa dimensión es la que centra buena parte del trabajo que Zabala Innovation desarrolla en varios proyectos europeos vinculados a Mission Soil. Desde su área de Innovación social, la consultora participa como socio en iniciativas donde la generación de conocimiento científico se complementa con metodologías de co-creación, participación y desarrollo de ecosistemas de innovación que favorezcan la adopción de las soluciones por parte de quienes deberán aplicarlas.
Uno de esos proyectos es InBestSoil, centrado en cuantificar el valor económico de los servicios ecosistémicos asociados a prácticas de gestión sostenible del suelo y desarrollar modelos de negocio que demuestren su viabilidad económica, ambiental y social. Zabala Innovation lidera el paquete de trabajo dedicado a la participación de actores y la co-creación en nueve casos de estudio distribuidos por distintas regiones europeas.
“La co-creación va mucho más allá de la organización de talleres participativos”, explica Aizeti Carlos de Vergara, consultora del área de Innovación social de Zabala Innovation. “Nuestro trabajo consiste en facilitar que el conocimiento se construya conjuntamente entre la comunidad científica y quienes conocen de primera mano la realidad del territorio. Ese intercambio continuo permite adaptar las soluciones a los retos específicos de cada piloto, genera confianza entre los distintos actores y aumenta las posibilidades de que los resultados sigan utilizándose cuando termina el proyecto”, añade.
Zabala Innovation participa también en BIOservicES, un proyecto que estudia el papel de la biodiversidad del suelo en el funcionamiento de los ecosistemas y desarrolla nuevos indicadores y modelos económicos para favorecer la implantación de prácticas agrícolas regenerativas. En este caso, su trabajo se centra en diseñar procesos de co-creación orientados a identificar oportunidades que permitan convertir los resultados científicos en soluciones aplicables sobre el terreno, desde esquemas de pago por servicios ecosistémicos hasta nuevas colaboraciones con Living Labs ya existentes.
“El impacto de un proyecto no puede medirse únicamente en términos económicos o medioambientales. También debe reflejar su capacidad para generar cambios duraderos en las personas y los territorios”, señala Carlos de Vergara. En esa misma línea, esta experta añade que uno de los principales objetivos es “conseguir que el conocimiento circule en las dos direcciones: desde la ciencia hacia el territorio y desde el territorio hacia la investigación”, favoreciendo comunidades de práctica y ecosistemas de innovación capaces de mantener su actividad una vez concluida la financiación europea.
La convocatoria 2026 de Mission Soil vuelve a poner el foco en esa idea. La excelencia científica seguirá siendo un requisito imprescindible, pero ya no bastará por sí sola. La Comisión Europea busca proyectos que demuestren que las soluciones pueden implantarse, mantenerse y generar impacto más allá del periodo de ejecución, una exigencia que obliga a integrar desde el inicio investigación, innovación, participación y transferencia de conocimiento.

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Adrián Rivas
Líder de equipo experto en Programas Europeos

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