Estrategia de Innovación

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26/03/2020
El experto, Guillermo Dorronsoro, nos explica en este artículo cómo conectar la estrategia y la innovación

Una cuestión relevante, especialmente en estos tiempos de incertidumbre, es cómo conectar la estrategia y la innovación, dos términos que para muchas personas tienen algo de contradictorio.

En la práctica empresarial, o más allá, en la gestión de cualquier tipo de organización, para muchas personas integrar estrategia e innovación es como querer mezclar el agua con el aceite. Porque la estrategia viene a ser para ellas un plan prefijado, un conjunto de objetivos que nos marcamos en el futuro, para luego comprobar si nos hemos desviado de esa ruta o hemos conseguido llegar a la meta prefijada. Los que llevamos unos años ya rodando, recordamos los planes estratégicos a cuatro años, y los planes de gestión anuales que aterrizaban y precisaban los objetivos para los siguientes doce meses.

Sin embargo, la innovación es el ámbito en el que exploramos rutas desconocidas. Y, por tanto, nuestra capacidad para fijar metas o hacer planes es mucho más reducida. Los podemos hacer, pero la experiencia nos demuestra que resulta mucho más difícil acertar.

Así que, para muchas empresas, la innovación viene siendo un capítulo díscolo de la estrategia, en el que se conceden la libertad de tener una parte de la organización “haciendo experimentos con gaseosa”, o “proyectos de I+D”, a ser posible con apoyo en fondos públicos. 

Es una conexión débil, que se queda muy corta para estos tiempos de cambio que vivimos, y que la crisis del COVID-19 está acelerando (y puede acelerar más todavía, si se prolonga en el tiempo). La innovación tiene que estar mucho más cerca de la estrategia, o viceversa, porque la realidad se parece cada día más a una carrera de obstáculos…

¿Alguna vez has puesto en marcha una ‘estrategia emergente’?

Es preciso cambiar la forma de hacer la planificación, combinando elementos de “estrategia deliberada” (los planes clásicos) con elementos de “estrategia emergente”. En este segundo esquema, no se asume un punto de destino ni una planificación. Por el contrario, se asume que las prioridades surgirán y se desarrollarán a medida que la organización avance, y entienda mejor el contexto real en el que debe desenvolverse. Así que la estrategia “emerge” a medida que vamos avanzando.

Esto no implica la imposibilidad de ser ambicioso y establecer un sentido de dónde se desea estar en un momento determinado. Pero el proceso consiste en aprender el camino a seguir, siguiendo un enfoque de ensayo y error.

Esa forma de hacer estrategia exige cambios en la cultura y en la organización, exige adaptar los procesos, las dinámicas de control… La innovación deja de estar en la esquina de “los que hacen proyectos con subvenciones”, y se pone en el centro de la organización, rodeada de capas que van de más flexibles a más rígidas.

¿Un proyecto de innovación demuestra su viabilidad en fase piloto? Rápidamente se trata de extender al resto del negocio, siempre siendo conscientes de que en esta fase de implantación también existen riesgos.

Es preciso también que ese nuevo corazón esté conectado al ecosistema de innovación (innovación abierta), y desarrolle instrumentos de prospectiva para entender cómo las tendencias de cambio van a afectar nuestro negocio, en cuáles de ellas podemos reaccionar con ventaja, y en cuáles decidimos asumir un papel de seguidores.

Es hora de pasar de los conceptos a su implantación práctica en las organizaciones. Las buenas noticias son que, después de una década de mucho ruido y pocas nueces, la innovación ha empezado a decantar ya buenas prácticas y experiencias relevantes que podemos aplicar con cierta garantía de éxito. También se van consolidando algunas referencias internacionales, como en Manual de Oslo (2018), o la familia de normas internacionales ISO 56000 de Innovation Management.

Te puede parecer que es imposible afrontar todas estas olas de cambio que van llegando, desde la transformación digital y la industria 4.0, al impacto social de la empresa, pasando por el inevitable impacto que la crisis del COVID-19 nos va a dejar.

Seguirán llegando estas olas, y otras que todavía no conocemos. La forma de gestionarlas adecuadamente es con una estrategia de innovación. Si te interesa profundizar en estas ideas, puedes dejarnos tu correo porque vamos a organizar estos próximos días un webinar y te avisaremos de la convocatoria.

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