Dentro de poco ya no se hablará de las ciudades inteligentes

11/11/2015
Por Juan Cristóbal García Soriano, consultor de I+D de ZABALA

El 24 y 25 de marzo ha tenido lugar el I Congreso de Ciudades Inteligentes al que fui invitado como ponente, lo que agradezco enormemente a los organizadores de Grupo Tecma Red por la oportunidad de cerciorarme de lo que ya es una evidencia: las ciudades inteligentes son una realidad y no podemos llegar tarde. Y España está ahí, en la parte delantera del pelotón, lo que es bueno para empresas y municipios.

Del congreso voy a citar tres grandes mensajes que dieron algunos de los ponentes más destacados, e incluso me permito utilizar uno de ellos para titular este post:

Fernando Herrero (Madrid Emprende) explicó cómo “hace años hubo ciudades que comenzaron a asfaltar sus calles y se denominaron ciudades asfaltadas”. Después llegaron las  ciudades con alumbrado y se denominaron ciudades iluminadas. Pero ya nadie habla de eso, porque ya se da por supuesto que una ciudad es asfaltada o iluminada. Así pues, “dentro de poco no se hablará de ciudades inteligentes ni de ciudades digitales”. Perdón, pero me apropio el titular.

Borja Díaz (Lafarge) explicó como “son las aplicaciones y los usos los que hacen una ciudad inteligente, no las tecnologías”. De ahí que una ciudad tecnológica no tenga por qué ser una ciudad inteligente.

Antonio Marqués (ETRA) terminó de situar la cuestión al recordar que “no hay proyectos de smart cities sino un proceso hacia la smart city”. “No hay un punto cero, porque todas las ciudades ya tienen elementos inteligentes, ni tampoco un punto final. Es un proceso largo y continuo”.

Se trata de visiones muy claras del proceso que se está viviendo: las tecnologías de ciudades inteligentes ya están disponibles, se están aplicando y cada vez es más difícil obviarlas. Tenemos semáforos o iluminación inteligentes, apps para todo, vehículos eléctricos y puntos de recarga, redes eléctricas inteligentes, servicios de bici compartida, o de car-sharing, riego inteligente, los datos abiertos son ya una demanda social, los ayuntamientos implantan canales on-line para comunicarse con los ciudadanos… y la lista es interminable.

Pero lo que hará inteligente a una ciudad no será el número de sensores que tenga, sino su calidad de vida (zonas verdes, reducir tiempos de desplazamiento, buenos servicios públicos, etc), la participación ciudadana, su actividad económica, su vida social, la educación, o cómo, tal y como recordó en el congreso Fefa Álvarez (Fundación ONCE), si la ciudad favorece la inclusión accesibilidad y diversidad. Y no me olvido de la variable ambiental en la ecuación, que tan bien suele describir Antonio Sánchez Zaplana en iAmbiente.

La diferencia entre el éxito o el fracaso de las ciudades inteligentes no estará en la tecnología sino que estará en las aplicaciones y en sus usos, y en cómo se consiguen solventar barreras como la estandarización, la formación de los que participan en el proceso o cómo se financian las actuaciones. Nada diferente de lo que ya sucedió en el pasado con otras tecnologías, como describe en sus publicaciones el investigador Jordi Ferran Boleda, quien nos muestra el camino que siguió el alumbrado eléctrico, y la generalización de los electrodomésticos a principios del siglo XX, a partir de la Exposición Universal de Barcelona en 1929.

La Administración Pública no es ajena a este escenario y la pasada semana el Ministerio de Industria, Energía y Turismo (MINETUR) presentó el Plan Nacional de Ciudades Inteligentes dotado con 153 millones de euros. El ministro Soria declaró que “las ciudades españolas y la industria que les da soporte ostentan una posición de liderazgo en Europa.” La buena noticia, añado, es que el Plan aportará financiación muy necesaria tanto para la innovación en sector Turismo como para los proyectos de I+D del sector TIC y la implantación de acciones en ciudades.

El Plan va acompañado de medidas dirigidas a facilitar la coordinación entre los participantes,  lo que también es muy positivo y acertado, y también tiene en cuenta que en España se cuenta con redes organizadas como la RECI (Red Española de Ciudades Inteligentes) que realizan una gran labor, o la tarea de normalización que coordina AENOR con el AEN/CTN 178. Pero todavía quedan por recorrer kilómetros hasta la meta y  la estrategia, el equipo y las fuerzas que nos quedan serán claves en el resultado de la carrera.

El Plan Nacional de Ciudades Inteligentes nos llega de la zona TICs del MINETUR, con la SETSI oRED.ES al frente. Sin embargo, si se recuerda la definición de Ciudades Inteligentes que ofrece la Unión Europea hay un dominio que no cubre el Plan: la rehabilitación energética de edificios y la eficiencia energética, lo que equivale en la carrera al puerto de montaña en el que termina la etapa. Nuevamente, otra buena noticia y es que se dispone de energía (de eso va el tema) para superar este puerto, y  los fondos también provienen del MINETUR, pero de otra de sus ventanillas: el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) ofrece 168 millones de euros para proyectos de eficiencia y ahorro energético.

Si sumamos por tanto, lo que aporta MINETUR para Ciudades Inteligentes suman 321 millones de euros. Ahora se comienza a ver la carretera despejada,  pero aún hay que dar muchas pedaladas y hacerlo en equipo, y sumar fondos de más fuentes como el BEI (Jessica, Elena) o el Programa HORIZON 2020. No hemos de olvidar tampoco que FEDER establece la obligación de dedicar al menos un 5% de los recursos a medidas integradas para el desarrollo urbano sostenible, que aglutina los ámbitos sociales, económicos y ambientales de las ciudades y que por tanto deberán surgir nuevos esquemas financieros y de ayudas.

En la estrategia para ganar la etapa se deberá considerar la visión integrada que aúna Movilidad, Energía e ICT como la propugnada la Comisión Europea en los proyectos faro “light house projects” del HORIZON 2020, y que además requieren integrar los proyectos en la planificación urbana de las ciudades, buscar la involucración de los ciudadanos, una política de Open Data y medir la efectividad de las acciones. Buen ejemplo es el proyecto REMOURBAN liderado por CARTIF.

Por último, se deberá ”vigilar” a los equipos más fuertes del pelotón: holandeses, británicos, suecos, y  escuchar “por el pinganillo” lo que se cuece en el Market Place de la EIP de Ciudades Inteligentes y Comunidades. Desde ZABALA Innovation Consulting participamos como coordinadores del consorcio contratado por la EC para apoyar en la organización de los seis Action Clusters, en primera fila para ver las principales experiencias impulsadas en Europa. Una buena oportunidad para conocer nuevas experiencias será la Asamblea General organizada en colaboración entre ZABALA Innovation ConsultingPrestomedia el 21 de mayo en Berlín.

España está situada en la cabeza del pelotón pero todavía queda mucho trabajo por realizar. El número de iniciativas de Smart Cities es muy elevado, pero no sólo existen las diez Smart Cities que citó la senadoraCarmen Azuara, ni tampoco se pueden etiquetar como inteligentes a 60 ciudades (¡no estaría mal!).

Más que el alto número de iniciativas, lo que importará para llegar primero a la meta es que haya fuerzas y músculo financiero, estrategia clara y trabajo en equipo, control y aprendizaje de los otros equipos e incluso trabajo con ellos, y recordar que lo importante es realizar bien la tarea y contar con el calor de la afición.